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ReflexiónSeptiembre 20264 min de lectura

La confianza también necesita una forma de trabajar.

La confianza se nota cuando alguien puede avisar de un problema, discrepar y decidir dentro de un acuerdo. Construirla exige cuidar lo que hacemos después de decir «confío en vosotros».

Imagina que una persona descubre un fallo en la herramienta que dirección acaba de presentar con entusiasmo. Antes de comunicarlo, piensa cómo se recibirá la noticia. Puede temer que parezca una excusa para no cambiar o que alguien le reproche no haberlo resuelto por su cuenta. Si decide callar unos días, el problema técnico ya se ha convertido también en un problema de relación.

Por eso me cuesta tratar la confianza como una declaración suficiente. Se entiende mejor mirando lo que ocurre cuando alguien reconoce una duda, avisa de un retraso o cuestiona una decisión. Ahí el equipo aprende qué puede decir de verdad y qué consecuencias tiene hacerlo. Ese aprendizaje influye en la información con la que después dirige la empresa.

Hacer posible que los problemas se cuenten a tiempo

Amy Edmondson distingue en su trabajo de 2002 sobre aprendizaje en equipos la confianza y la seguridad psicológica. Esta última se refiere al clima que permite asumir riesgos interpersonales, como pedir ayuda o reconocer un error. Me interesa esa idea porque ayuda a mirar una condición del trabajo que no aparece en el organigrama: si resulta posible hablar con franqueza.

Mi aplicación empezaría por observar la respuesta a un aviso. Si alguien trae un fallo, intentaría entender qué ocurre, qué necesita atención inmediata y quién puede ayudar. Después habría tiempo para revisar las causas y la responsabilidad correspondiente. Mezclar desde el primer momento la búsqueda de una solución con un reproche puede hacer que el siguiente aviso llegue más tarde.

Esto no elimina la exigencia de trabajar con cuidado. El equipo necesita saber qué compromisos debe cumplir y cómo se revisarán los errores. La diferencia está en que reconocer una dificultad forme parte de hacerse cargo, en lugar de sentirse como una prueba automática de incapacidad.

En el ejemplo de la herramienta nueva, agradecería que la persona mostrara un caso concreto y reservaría tiempo para comprobarlo. Si el fallo se confirma, explicaría al resto qué se cambia. Esa respuesta convierte el aviso en una aportación útil y muestra que el entusiasmo de dirección también puede revisarse con información.

Dar espacio al desacuerdo antes de pedir compromiso

En su carta de 2016, Bezos describe el compromiso con una decisión aun cuando persiste un desacuerdo, incluyendo situaciones en las que él respalda la elección de otros. Yo recogería esa reciprocidad: escuchar no debería ser únicamente un paso previo a que todo el mundo acepte mi propuesta.

Para decidir bien, intentaría que las objeciones relevantes se entendieran antes de cerrar la conversación. Puede que una persona conozca una excepción que el resto no ha visto o anticipe una carga que todavía no aparece en el plan. Darle espacio no obliga a elegir su alternativa, pero sí permite tomar una decisión mejor informada.

Después dejaría claro qué se ha acordado, quién decide y qué dato nuevo justificaría revisarlo. En nuestro ejemplo, podríamos probar la herramienta en una parte del servicio con una comprobación adicional. Quien tenía dudas sabría que han influido en el diseño de la prueba, aunque la decisión haya sido continuar.

El compromiso también necesita estabilidad. Si dirección reabre cada acuerdo porque recibe una opinión distinta, el equipo aprende a esperar. Explicar cuándo cambia una decisión y por qué ayuda a conservar la confianza incluso cuando hay que rectificar.

Acordar un seguimiento que ayude a trabajar

Al delegar, pondría en común el resultado esperado, el margen para decidir y los momentos en los que revisaremos cómo va. Añadiría qué situaciones requieren pedir ayuda antes. Esos acuerdos permiten trabajar con autonomía sin tener que adivinar cuándo aparecerá una comprobación o qué diferencia provocará un reproche.

Mi parte sería responder a las consultas, aportar la información comprometida y explicar los cambios de prioridad. La fiabilidad de quien dirige también cuenta. Si pido que se avise de un bloqueo y luego no contesto, estoy enseñando al equipo que comunicarlo quizá no sirva de mucho.

Cuando hay IA preparando respuestas a clientes, daría al equipo una vía clara para detener un envío dudoso y resolver la excepción. Después miraría la calidad y lo aprendido, además del volumen producido. La confianza crece cuando los acuerdos cotidianos permiten cuidar el servicio y sostener una conversación honesta sobre lo que todavía no funciona.

Un primer paso

Recuerda con el equipo un aviso o un desacuerdo reciente. Revisad qué ocurrió después: si hubo respuesta, si se entendió el problema y si quedó claro el siguiente paso. Elegid una mejora observable para la próxima vez, como una persona de referencia o un plazo de respuesta que podáis cumplir.

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